sábado, 30 de marzo de 2013

Las historias de la Biblia y su nulo parecido con la realidad en el cine

    Siempre me han llamado mucho la atención las películas bíblicas. Son todas muy curiosas, teniendo en cuenta el lugar y el tiempo en el que se supone que sucedieron los hechos que se relatan en ellas. En todas la gente es blanca, tan blanca que duele, a pesar de que la zona en la que supuestamente se sucedieron los acontecimientos que aparecen en ellas era y es una zona en la que la gente es más bien morena de piel y de pelo.
Además de extremadamente blancos, (y rubios, la mayoría), también van todos impecables de ropa y de calzado a pesar de que la ducha y la bañera todavía no existían y que la gente se lavaba como buenamente podía. Además de todo eso, todos hablan muy lento y con mucho cuidado, y la mayoría de las veces parece que hasta están recitando poemas, cuando, en realidad, seguramente todos hablaban con absoluta normalidad, unos más alto, y otros más bajo, como ha sucedido a lo largo de toda la historia de la humanidad. Y, en cuanto a los personajes, éstos siempre son representados por actores y actrices con un aspecto tan elegante que parece que en cualquier momento se van a ir a algún hotel de cinco estrellas que hay bajo alguna palmera.
    Sí, son todas muy parecidas a la realidad que pretenden emular, no hay duda. Judea era una zona de agradable clima y bonitos desiertos en los que el turismo estaba tan desarrollado y era tan popular que la mayoría de los que iban de vacaciones se quedaban allí, y, como estaban tan fascinados por el estilo de vida que habían tenido el placer de ver, decidían ponerse las sandalias y dejarse barba para ser como los lugareños. Las mujeres eran todas guapísimas y siempre iban maquilladas y peinadas a la perfección a todas horas, hasta cuando se iban con las ovejas al monte, y los hombres eran de una dulzura y una santidad que tiraba para atrás. Por eso cuando Mel Gibson hizo una película sobre la pasión de Jesucrito en la que todos hablaban hebreo y latín, eran morenos y rudos, iban sucios y desastrados y cuando castigaban a alguien o le condenaban a morir crucificado le hacían sudar sangre durante horas, mucha gente se tiró de los pelos y se rasgó las vestiduras: porque en realidad todo era muy bonito y muy tranquilo. Aquellos no fueron tiempos violentos en los que la prioridad de casi todo el mundo era sobrevivir, no, que va... Aquellos fueron tiempos de felicidad y esplendor para todos...Seguro que sí.

Voy limpio y escoscado como nadie...







6 comentarios:

  1. Leyendo esto recuerdo la serie "Aguila roja", ambientada creo que en la España del siglo XVII o XVIII. Se nos muestran unas calles limpisimas, una gente aseada, con los dientes perfectos, un sirviente que sabía leer razonablemente bien cuando era posible que una buena parte de la población pobre fuese analfabeta o casi. Incluso se nos muestra un niño con gafas en una época en la que solo los más pudientes podían adquirir esta clase de artículos... En fin, la tele y el cine tienen estas cosas.

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    1. Sí, otra que no se parece en nada a la realidad. Iban sucios, no podían asearse, no había alcantarillado y todo olía fatal, había mucha hambre y casi no podían comer o comían cualquier cosa... En fin, que se parece muy poco la serie a lo que realmente pasaba... Un saludo!!!

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