lunes, 14 de noviembre de 2016

Donald Trump o nunca subestimes al tonto de turno

       Donald Trump ha ganado las elecciones, sí, no es una coña, es verdad. Ahora el tío es la persona más poderosa de la tierra, bueno, de lo que queda de ella, porque entre destrucción y contaminación cada vez queda menos del planeta azul. Ahora resulta que todos nos rasgamos las vestiduras porque no entendemos semejante despropósito, semejante desfachatez, o sea, te lo juro de verdad, semejante cosa de otro tiempo y espacio.

viernes, 2 de septiembre de 2016

La felicidad no es un estado, son pequeños momentos

       Que no os engañen. La felicidad no es un estado. La tristeza si, por desgracia; se puede estar triste eternamente y, de hecho, hay gente que está triste toda su vida. Pero la felicidad es otra cosa; la felicidad es un conjunto de pequeños momentos. Lo que pasa es que estamos tan engañados que creemos que la felicidad es un estado constante que debemos conquistar. Por eso hay gente que vive siempre insatisfecha: porque piensan que esos momentos a los que no dan importancia son meros momentos pasajeros que no tienen interés alguno ni dejan huella en su existencia. A los muy desgraciados se les escapa la felicidad de las manos por buscar un estado que en realidad no existe. Se pegan la vida esperando en su sala de espera de paredes blancas y asepticas típicas de los hospitales, esa sala de espera mugrienta y fea en la que también espera su vecino el de al lado, ese que tiene envidia por los coches y los trabajos de los demás, o incluso por sus enfermedades o desgracias, que el caso es estar siempre por encima del otro, aunque sea en lo malo.

jueves, 7 de julio de 2016

La crítica construtiva es una gran mentira

         La crítica constructiva es una de las mayores mentiras de las muchas que se han puesto de moda últimamente. Es muy nombrada por psicólogos de pacotilla, que son unos cuantos, por tu vecino el del quinto, ese que ha hecho un curso de medicina para curarse en casa y de botánica para plantar setas en su terraza, por los responsables de recursos humanos de las empresas, esos que te exigen ser super proactivo y super de todo para darte un empleo digno de trece horas por trescientos euros al mes, por tu amiga la del gimnasio, esa con la que compites en secreto en cuento a muslos gordos y fofos se refiere, y por mucha otra fauna que tiene el derecho a respirar igual que tú pero que cada vez que pueden te quitan el poco aire que te queda al final del día después de tanto jadear de cansancio.

sábado, 11 de junio de 2016

Las mujeres somos machistas

          Que hay muchos hombres machistas es un hecho que no creo que nadie en su sano juicio ponga ya en duda, está claro, los hay por todas partes, creciendo como setas entre las piedras y los troncos de los árboles; pero también hay mujeres machistas, ojo al dato, aunque nunca lo diga nadie. Yo creo que las mujeres en general hemos sido educadas para competir con otras mujeres, sobre todo físicamente, y aunque es algo de lo que no nos demos cuenta habitualmente, la realidad es que la mayoría somos más machistas que el típico chulazo de peli ochentera, de esas en las que hay uno que pega tiros por doquier y dice cosas como "nena, deja de gritar, que no me puedo concentrar en matar". Las mujeres somos en mayoría machistas, unas más, otras menos, unas de forma consciente y otras de forma inconsciente, pero lo somos, qué carajo, y es por ahí por donde deberíamos empezar. Mucha lucha a favor de los derechos femeninos pero mucho "puta" y "fulana" en la boca, para qué vamos a decir otra cosa, no? 

        Vamos a una reunión cualquiera, ya sea de lectura de la Biblia caliente o de macramé moderno, y llega una guapa y la ignoramos porque pensamos que como se debe de pasar el día maquillándose y mirándose a sí misma seguramente no tendrá nada interesante que decir, o sea, nada interesante como las cosas interesantes que se dicen cuando eres menos guapa, porque todas sabemos que las guapas no tienen cerebro ni alma, qué cojones. Nos cuentan algo de una vecina, amiga, ex amiga,  cuñada, conocida, o lo que sea, y enseguida la juzgamos como si estuviéramos jugando a "bienvenidas a la Santa Inquisición, aquí tienes tu primer caso"... " es una guarra, que vergüenza, si ya se le veía a esa, se cree la ostia..." Nuestras lindezas para con la pobre juzgada son inmensas, para qué lo vamos a negar, si todas lo hemos hecho. Eso sí, que no nos lo hagan a nosotras, porque nos quitamos el tampón manchado, y se lo metemos en el café a la que sea, pues faltaría más... Nos comparamos de continuo con toda aquella que nos presentan o que se nos cruza en el camino, y le hacemos una radiografía completa para ver su altura, peso, pelo, ojos, ropa, estilo, maneras al andar y hablar, y luego la catalogamos en la categoría de " amenaza para mi",  o "insiginificante a mi lado, potorras" . Ni siquiera le damos una oportunidad, para qué, nos han enseñado a compararnos para que estemos divididas y perdamos fuerza y así lo hacemos, qué listas somos, verdad? Luego nos quejamos de que nos arrinconan y acosan, a nosotras, que solo denostamos a las de nuestra especie, nos ha jodido... Entramos en debates totalmente prescindibles entre nosotras sobre lo buenas amas de casa que somos o lo buenas o malas madres que somos, y esto último es especialmente sangrante, porque aquí, todas somo pediatras, doctoras, criadoras de veinte niños, listas calistas, madres con tres o cuatro tetas, madronas que te cagas, y toda la variedad de gentuza insufrible habida y por haber. Somos las mejores, y la vecina no, está claro, ella es una tía que tiene la casa asquerosa, los críos super mal educados, y encima, al marido le huele el sobaco, para desgracia del mundo entero.

        Nos están dividiendo, cada día más, nos están inoculando el machismo a las mujeres con jeringas por las noches, y no nos estamos dando cuenta. LLamadme gilipollas, pero hace tiempo que yo decidí no compararme con ninguna otra porque yo soy única y las demás también, que decidí dar una oportunidad a toda mujer a la que conozca, porque para eso es de mi especie, qué coño, que decidí no escuchar a ninguna que me juzgue o que se meta en mi vida o a oler mi casa porque si tengo mierda repartida por el pasillo y al crío descalzo no es asunto suyo, que decidí ser compasiva con todas e intentar entender lo difícil que es tener una vagina entre las piernas en este mundo de machos con olor a colonia de gasolinera, que decidí que ninguna, repito, NINGUNA mujer, me va a decir a mí como debo vestir, peinarme, tener mi casa, o como cagar, si de pie o sentada, y que decidí que "zorra", "puta", y "ramera", son insultos muy fáciles que en la mayoría de los casos sobran y además no se ajustan a la realidad del problema.

     Yo opto porque las mujeres nos unamos, respetemos, entendamos, compartamos nuestras inquietudes mientras nos ponemos una compresa las unas a las otras, y hagamos un aquelarre de esos antiguos, de los que les jodían mucho a los obispos y demás especies mutantes de la naturaleza. 

         Arriba, mujeres!!

Holiiiii!!!  venimos a que nos digas a todas que no podemos llevar minifalda aquí, majete...

domingo, 27 de marzo de 2016

Claves para reforzar la autoestima

       La autoestima, esa joya bajo el mar que muchos tratan de encontrar buceando entre tiburones, ese tesoro cuyo mapa está en el culo de alguien y nadie sabe de quién, eso que los psicólogos, orientadores de quien sabe qué, y coachers y motivadores de la vida en general, tratan de encerrar en un frasco para enseñarlo a las masas que les pagan fortunas para que les hagan más felices, eso que nadie sabe lo qué es pero que todo el mundo desea y busca sin parar;  la autoestima, eso que algunos afortunados tienen en cantidades ingentes y que otros parece que llegaron tarde el día que se hizo su reparto, la autoestima, eso que dicen que te convierte en un todopoderoso y en un "echado para adelante" que da asco...

martes, 26 de enero de 2016

La bazofia que enseñamos a los niños

         El otro día se publicó una noticia en la que se hablaba del suicidio de un chico transexual provocado por el acoso escolar que por lo visto llevaba años padeciendo debido a su condición sexual. El chico lo había intentado todo, se había cambiado de colegio, había acudido a un centro de día, había hablado con sus padres sobre su situación largo y  tendido, etc… Sin embargo, y a pesar de todo, al final había sucumbido a la angustia que le producía soportar las mofas y burlas de sus mal llamados compañeros y mejor llamados alimañas.