domingo, 8 de enero de 2017

Los pesimistas, esos seres entrañables

     Últimamente estoy hasta los cojones  harta del pesimismo, lector, ( que para el que no lo sepa es la dudosa virtud de no creer en nada o como mucho en la destrucción inevitable del mundo y de los seres que viven en él, )harta del madre mía que vida ésta y de la queja continua, del llorar por llorar, y del llevar el barco hacia las rocas para que se estrelle porque como se va a estrellar de todas formas para qué intentar desviar las piedras marinas.
Me levanto por las mañanas como un currito más dispuesta a dejarme esclavizar para poder volver a casa con mi familia por la tarde, únicos seres a los que amo lo suficiente como para darles solo la mejor versión de mi, y para poder pagar las facturas típicas de la vida ordinaria, que no son pocas, y siempre hay algún capullo ser que me tiene que recordar a la mínima que todo es una mierda infesta en este mundo de Dios. Siempre hay algún  iluminado que tiene que recordar a todo el público que es lunes, que si tienes hijos no duermes, y que la religión es el opio del pueblo, fíjate tú, que eres tonto. Hay iluminados de esos por todas partes, llorando por gilipolleces a cual más grande, gilipollas que no valoran lo poco o mucho que tienen, y que son los nubarrones de la humanidad, siempre dispuestos a tapar el sol que nos da calor. No importa lo ilusionado que estés con algo, lector, no importa que estés ilusionado con el capítulo de tu serie favorita, ese que viste ayer y que te confirmó que el prota se lía con la mala, o con el apartamento que te estás comprando en Benidorm, localidad fina y selecta donde las haya, no importa lo loco que estés por ir a las puñeteras rebajas a tirarte al suelo a por un pantalón de marca como uno más, porque el pesimista, ese compañero, familiar, amigo, o conocido que tienes al lado, está ahí acechando cual lobo tras los matorrales, dispuesto a joderte fastidiarte la ilusión, que para eso ha nacido.

     El pesimista no es una criatura que haga las cosas a la ligera, no, que va, no hace las cosas sin pensar en ellas. El pesimista es un ser pensante, entrenado durante años en el arte de amargarse la vida a si mismo y a los demás, es un ser que piensa en lo que hace antes de hacerlo y en lo que dice antes de decirlo. Su cerebro está hecho a base de neuronas muy amargadas que van chocando unas con otras y diciéndose lo feas y gordas que están las unas a las otras, y eso es lo peligroso, que no es un papanatas cualquiera. El pesimista es un filósofo oscuro de la vida, es un pensador que basa sus ideas en dogmas bien razonados de antemano, por eso es tan difícil de vencer y de convencer, por eso el optimista nunca puede conseguir que crea en algo que no sea la destrucción masiva y la podredumbre humana, por eso el optimista siempre tiene y va a tener la batalla perdida cada vez que luche contra el pesimista. Yo soy optimista, y lo soy por supervivencia, aunque no importa si lo eres por convicción, para sobrevivir, o porque te sale de las putas narices; lo importante es que tanto el optimismo como el pesimismo son dos deportes que cuanto más se practican más se perfeccionan. Lo malo es que el optimista puede pasar al lado oscuro muy fácilmente y para siempre, y el pesimista generalmente no pasa al lado contrario, al lado luminoso y chupi guay del universo, más que nada porque está muy cómodo quejándose de todo, y así no tiene que esforzarse en cambiar nada, para qué, si todo está corrupto ya. 

 Yo soy de los que intentan creer en el mundo. Sé que es un vertedero, pero creo que hasta sobre el vertedero más sucio hay rayos de luz. Sobrevivo porque creo que cuando una puerta se cierra se abre otra, lo jodido es ver cual es la puerta que se abre, estar atento para que no se cierre antes de que puedas pasar por ella. Yo soy de los que cuanto más crecen y más ostias llevan más optimistas son y más valoran lo poco o mucho que tienen, ¿porqué no? me parece revolucionario eso de no dejar que el mundo mate mis nimias ilusiones por muy hijo de puta que se ponga, que al final creo que es lo que quiere, joderme la ilusión de vivir, el verdadero opio de todos y para todos. La fe en un mañana mejor es el verdadero motor de la vida, no lo olvidéis. Y si podéis, además, recordádselo al pesimista agua fiestas que tenéis al lado, y ya de paso decidle también que llore en silencio, que molesta... 

Si es que sabía que iba a llover, carajo, te lo he dicho

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