martes, 27 de junio de 2017

el afecto, la gran rebelación

   Estoy en shock, querido lector. No salgo de mi asombro con este perro mundo en el que vivimos, de verdad. Verás, resulta que la humanidad ha sido capaz de crear máquinas, robots, y demás mierdas, pero después de todo eso, es ahora, en pleno siglo XXI, cuando nos damos cuenta de que el afecto es la gran medicina para el desarrollo de las personas.
El otro día estaba navegando por Internet, (ya sabes, entre aliens, gente que ha matado a gente por las más extrañas razones, alimentos que dicen que nos abducen, y cosas igual de constructivas para cualquier mente que se precie), y me encontré con un estudio científico que decía que los niños se desarrollan mejor si se les brinda todo el afecto que uno es capaz de brindar. Que esta teoría no es nueva ya lo sabemos, dado que en los últimos años se está apostando fuerte por la empatía, la motivación, y el cariño, en la educación de los más pequeños, y dejando de lado los azotes, el "no lo cojas mucho que lo malcrías y luego te mata de mayor", y la disciplina de colegio de carretera chunga con niña de la curva incluida, pero el estudio me dejó el culo torcido, en serio. Me puse a pensar en él, y tras pensar durante horas, llegué a la conclusión de que los humanos somos imbéciles. O sea, tenemos la capacidad ilimitada de amar a otros, y, en vez de usarla para un mejor desarrollo de los futuros habitantes del planeta, nos dedicamos a azotarnos unos a otros por no se qué compulsión masoquista que debe haber en nuestros genes y que no podemos evitar sacar a la luz. Nos rasgamos las vestiduras con el hecho de que los homosexuales quieran adoptar niños, o con que haya padres que dejen a sus hijos vestirse y jugar con lo que les salga de los cojones   genitales sin preocuparse si los juguetes o la ropa son rosas o azules, y resulta que en vez de darnos cuenta de que el afecto es lo verdaderamente esencial para una vida satisfactoria, nos ponemos a castigar, criticar, gritar, y demás lindezas que nos han enseñado nuestros ancestros, esos que si vivieran ahora estarían en Benidorm todos los veranos poniéndose hasta arriba en algún buffete barato de playa.
    Para mí, el hecho de que el afecto sea ahora la panacea en el mundo de la psicología, la pediatría , y la pedagogía, ha sido una rebelación, porque creo que podría cambiarnos a todos la vida de una forma bestial. Tengo que decir, por otra parte, que jamás he aplicado ni castigos ni riñas injustificadas a mi prole, ni he culpado a mi descendencia de las ruinas de mi vida, ni he pensado que "la letra con sangre entra", porque, entre otras cosas, cada una tiene el estilo que le sale del coño, pero ahora estoy más decidida aún si cabe a usar el afecto como medicina para todo en cuestión de crianza, porque creo que el amor es la mayor revolución y el mayor tesoro que tenemos en este mundo de competitividad y frialdad extremas. Que no me vengan con cuentos; un niño no necesita que su familia sea ni tradicional, ni católica y apostólica, ni rica, ni guapa, ni exitosa. Dejémonos de gilipolleces ya, en serio. Creo que ya nos han mentido bastante, y que va siendo hora de coger las riendas de nuestras vidas, y de decir bien alto y claro que si queremos abrazar, coger en brazos, mimar, consentir, y comprar cien chorradas a nuestros críos, no estamos creando tiranos ni monstruos; estamos dejándoles claro que les amamos, que son la luz de nuestras existencias, y que, así sean el día de mañana soldadores, peluqueros, fiesteros, juerguistas, médicos, o estén en paro, les vamos a querer, y vamos a ser siempre su refugio en medio de la nieve. Y, ya que estamos con rebelaciones, os voy a hacer otra que seguro que os tranquilizará a muchos, y es que no importa si sois gays, heteros, horteras, mediocres, pobres, mega ricos, cocinitas, modernos eternos, o vampiros de la noche, porque vuestros niños os quieren igualmente, sobretodo cuando los metéis a vuestras camas y les consoláis porque han tenido una pesadilla,  les hacéis un disfraz super cutre pero super colorido, les escucháis con atención cuando os cuentan que se han caído en el recreo, jugáis con ellos, o les lleváis a ver a la puta patrulla canina después de hacer mil horas de cola en el centro comercial.
Que no os engañen. El afecto es la clave. El afecto es el milagro que muchos hemos estando buscando durante años de lavado cerebral "subnormalizante"; es la verdadera panacea, el "Santo Grial" de los cojones , la joya de la corona. Sed afectuosos, sed cariñosos con aquellos que os aman y a los que amáis, no perdáis el tiempo, que es oro, no os cortéis un pelo en demostrar afecto, que otros no se cortan un pelo en gritar, discriminar, exigir, hacer el vacío, y dar por culo sin parar. Que no os engañen más. La fórmula está al alcance de todos.


Mi jefe será un gilipollas, pero en cuanto te veo, me olvido de su existencia

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